Día de la Reforma 2018: La historia de la Libertad

Cada uno de nosotros tiene una historia que contar acerca de nuestras vidas. Tal
vez el punto de incepción de mi historia sería el día, unos días antes de la boda de mis
padres, cuando mi padre fue bautizado por el pastor de mi madre, en la Iglesia
Luterana San Juan, en South Branch, Minnesota. El Señor llevó a cabo este bautismo
y matrimonio hasta los días en que mis progenitores, primero mi padre, y 15 años
después mi madre, se fallecieron en la fe. Mi historia, y la de mi familia es
inseparable de la historia de la iglesia luterana. A veces mi participación fue con
alegría, a veces con poco afán y consciencia. En otros momentos mi vida fue definida
por un cierto rechazo y distancia de la iglesia luterana, y, eventualmente, llegué a ser
un servidor de la misma.
Tengo preocupaciones sobre cómo mis hijos van a contar nuestra historia a mis
nietos. La fe tiene que ser transmitido de generación a generación, siempre hay riesgo
de fracaso.
Además, la historia no e
nos salva de nuestros pecados? ¿Creemos que Cristo está de verdad presente entre
nosotros en el mundo de hoy, en la predicación, en los sacramentos, con los ángeles y
arcángeles y toda la congregación de los cielos, regocijándose en la salvación de Dios?
Como luteranos tenemos una historia distinta para proclamar al mundo – una
historia sangrienta – una historia sobre una cruz – una historia acerca de una tumba
vacía. Es la historia de la libertad. El Evangelio de San Juan es la historia de Jesús -
la historia de la iglesia – la historia del mundo — nuestra historia. ¡Verdaderamente,
Juan tenía una historia fantástica para contar!
Su Evangelio cuenta una historia controvertida – sobre el escándalo de Dios que se
hace carne – que fue una tontería al mundo greco-romano, y una historia sobre la
vergüenza de la crucifixión – difícil para todos, pero especialmente para los judíos.
¿Cómo pudiera ser que el Salvador, el Mesías enviado de Dios mismo, sufriría y se
muriría? ¡Y por el modo peor de todos!
Juan cuenta una historia sobre el milagro de la resurrección – una historia de perdón
– la que es la historia de la libertad de la esclavitud, ganada para nosotros, por un
adalid quien no quisimos.
Es como cuando Jesús dijo a los judíos, que habían creído en Él – ” Si vosotros
permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la
verdad, y la verdad os hará libres.” Pero los judíos no aceptaron la historia de Jesús
acerca de la libertad, porque no quisieron aceptar que eran esclavos.
¿Y quién querría confesar ser un esclavo? Siempre que podamos fingir ser libres,
sin amo, jefes de nuestro propio destino, lo haremos, ¿no? ¿Cómo puede Jesús liberar
a esclavos que niegan su propia esclavitud? Primero, tendrá que proclamar la realidad
de nuestra esclavitud.
Los judíos rechazaron rotundamente su proclamación de la libertad: “Linaje de
Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis
libres?” Los judíos estaban pasando por alto la realidad de que los Romanos ejercían
una autoridad autocrática sobre Israel, y los Romanos fueron solamente el último de
una serie de amos extranjeros. En el curso de su historia, los judíos había sido
esclavos más tiempo que no, empezando en Egipto. Además, Jesús no estaba hablando
de esclavitud terrenal.
Por lo tanto, para intentar rescatar a los judíos, y a nosotros, Jesús tiene que
declarar una palabra durísima: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace
pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo
sí queda para siempre.
Es la cuestión crucial para los judíos, y para nosotros. ¿Vamos a vivir en la
esclavitud, o vamos a invocar a Jesús, quien vino para rescatarnos de nuestros
pecados? El perdón de nuestros pecados es la única fuente de liberación de la
esclavitud. Y este perdón está hallado solamente en la carne de Cristo mismo – esto es
la historia que Jesús proclama.
Los judíos estaban contando, y creyendo, una historia diferente – que ellos eran ya
los hijos de Abraham – que su historia era la historia más antigua del mundo – que la
libertad vino de su identidad como judíos, a través de la genealogía, por derecho de
nacimiento y sangre humana.
Los judíos creían una historia falsa. La salvación es la obra de Dios, es un don.
Por nuestra parte, por causa de nuestro pecado, no contribuimos nada. Tristemente,
creyendo una historia falsa, los judíos quedaban fuera de la casa del Padre.
Jesús, el Mesías prometido, también contaba la historia del mundo a través de
Abraham – que el cumplimiento de las promesas hechas a Abraham fue Jesús mismo -
que la salvación estaba abierta a todos, judíos y gentiles, que los hijos verdaderos de
Abraham no fueron por sangre humana, sino más bien por compartir la fe de
Abraham, su fe en la promesa del Cristo porvenir, quien ahora había llegado, en la
persona de Jesús.
Creer que Jesús es el Cristo te hace un hijo de Dios, y cualquier hijo o hija de Dios
permanecerá en su casa para siempre.
La historia de Jesús es difícil de entender y aceptar, por un lado, porque esta
historia nos acusa de ser pecadores sin ningún mérito propio, y por el otro, porque la
culminación de esta historia es la Cruz.
Pero para todos que continúan mirando y escuchando a Jesús, queda el
descubrimiento que la Cruz, la que es el momento de lo peor agonía y sufrimiento, es
también el momento en que Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, revela su gloria, a
través de revelar su amor, amor aun para sus enemigos, incluso hasta el sacrificio del
Hijo eterno, para conseguir la libertad de todos.
Nuestra libertad se produce en el punto más bajo de la humillación de Jesús – lo
que para Dios es el momento de gloria. Por ende, el evento de la cruz y la
resurrección es el corazón de nuestra historia – la historia de la libertad.
La libertad viene a través de la sangre, pero no cualquier sangre. Solo viene a
través de la sangre derramada en la madera de ese árbol, la sangre restaurada en la
tumba vacía, la sangre de su cuerpo roto en la muerte y su sangre derramada para el
perdón de nuestros pecados. Como dice San Pablo — “Porque todas las veces que
comáis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor hasta que él venga.”
Fijaos: Proclamáis juntos, en el acto de comulgar en la Cena del Señor, que Dios en
Cristo ha liberado al mundo de la esclavitud eterna.
Las últimas palabras de Jesús a nosotros hoy son un lema de la Reforma: “Por lo
tanto, si el Hijo os hace libres, seréis verdaderamente libres.” La libertad es la historia
de la Reforma – la historia que los luteranos tienen para compartir con el mundo – la
libertad a través de la carne y sangre de Jesucristo, la libertad que es un don sin precio
para nosotros pecadores. Esta bella historia de la salvación se cuenta aquí en esta
iglesia. Aquí es donde Dios habita con su libertad.
Hoy, Jesús tiene un mensaje para cada uno de vosotros –
“He quitado de tus hombros la esclavitud de tus
pecados.”
“¡Te he hecho libre con el perdón de los pecados!”
“Este pan es mi cuerpo,
esta copa es el nuevo pacto en mi sangre”
“Come, bebe y recibe la liberación de sus pecados”
“Come y bebe — eres libre.”
¡Qué historia que contar – la historia de libertad para todos,
en Jesucristo nuestro Señor! Amén

Categories ARCHIVO, SERMONES | Tags: , , | Posted on noviembre 6, 2018

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