Por Rev. Isaac Machado
En octubre, estaba caminando en una tienda en Barcelona, el FNAC, y me quedé sorprendido de cómo había cantidades de calendarios de adviento, de todos los tipos y tamaños, para que la gente pudiera comprarlos mientras esperan la Navidad. Sin embargo, esta tradición, hoy tan comercial, nació como una expresión profundamente cristiana: un recordatorio visual y espiritual de que la fe también se cultiva día a día, en la espera confiada del Señor que viene.
El calendario de Adviento, en su origen, no buscaba entretener a los niños, sino enseñarles a esperar con esperanza.
La historia del calendario de Adviento está estrechamente ligada al mundo luterano del siglo XIX en Alemania. En una época en que la vida cristiana se vivía tanto en la iglesia como en el hogar, las familias luteranas comenzaron a marcar los días hasta la Navidad con gestos sencillos: una línea de tiza por día en la pared, una vela encendida o una imagen colocada junto a la Biblia familiar.[1]
Entre esas iniciativas domésticas destacó la de Johann Hinrich Wichern (1808–1881), pastor luterano de Hamburgo y fundador del Rauhes Haus, un orfanato para niños pobres. En 1839, Wichern construyó una gran corona de madera con 24 velas —cuatro grandes para los domingos de Adviento y veinte pequeñas para los días intermedios—. Cada día los niños encendían una luz nueva mientras escuchaban lecturas bíblicas sobre la venida de Cristo.[2]
El propósito de Wichern no era decorar, sino enseñar a los niños la paciencia de la fe: cómo la luz de Cristo crece en medio de la oscuridad del mundo.
Así nació la doble tradición: la corona de Adviento (para la liturgia) y el calendario de Adviento (para el hogar), ambas nacidas del deseo de educar la fe a través de signos visibles.
A finales del siglo XIX, las familias alemanas comenzaron a elaborar calendarios caseros para los niños: una cartulina con 24 números donde cada día se pegaba una imagen, un versículo o una breve oración. Uno de aquellos niños, Gerhard Lang, recordaría años después el gesto de su madre y lo transformaría en una idea editorial.
En 1908, Lang, impresor en la ciudad de Maulbronn, publicó el primer calendario de Adviento impreso. En lugar de velas o imágenes sueltas, introdujo ventanitas que se abrían una por día, revelando escenas bíblicas o textos sobre el nacimiento de Cristo.[3] Con ello, el calendario se convirtió en un símbolo visible de la espera cotidiana de la Encarnación.
El calendario de Adviento, desde sus inicios, fue concebido como una herramienta catequética. Cada día era una oportunidad para leer, orar, cantar y reflexionar en torno a las promesas de Dios.
En una época donde la educación cristiana iba ligada con la vida familiar, el calendario recordaba que la fe se aprende en los ritmos del tiempo, y que cada jornada, por pequeña que sea. Y es algo de lo que podemos aprender y poner en práctica en nuestras propias casas, junto con el chocolate o el juguete, una enseñanza bíblica.
El Adviento no mira solo hacia atrás, sino también hacia adelante. En sus cuatro semanas, la Iglesia confiesa las tres venidas de Cristo:
- La primera, en humildad, cuando nació en Belén.
- La segunda, en gloria, cuando vendrá a juzgar y renovar todas las cosas.
- Y la tercera, en palabra y sacramento.[4]
Así, el calendario de Adviento es también una confesión de fe escatológica: una forma de recordar que el Señor no solo vino, sino que viene y vendrá. Cada ventana que se abre, cada vela que se enciende señala la fidelidad de Dios que cumple sus promesas y nos enseña a esperar en Él.
Los calendarios de chocolates y juguetes que se venden en el FNAC. No hay nada malo en ellos; de hecho, yo tengo uno para mí, pero si solo nos quedamos con el gesto exterior, perdemos la profundidad de su historia.
El calendario de Adviento nació para enseñar a los niños —y a todos nosotros— que la fe no es impaciencia, sino esperanza activa.
Podemos redescubrir esta práctica en nuestros hogares: leyendo una breve porción bíblica cada día, cantando un himno, encendiendo una vela, orando en familia o sirviendo al prójimo.
La espera se vuelve así oración, y el calendario, un mapa de fe.
Porque cada día que se abre no es solo un número que se acerca al 25 de diciembre, sino una oportunidad para esperar atentamente a Cristo que viene.
[1] Historia recopilada de: https://sellmer-adventskalender.com/es-es/pages/history-of-the-advent-calendar?srsltid=AfmBOoq3poAJ9WJqyF2mqxs1YyfjOGH3-9ZhpqMGrEoJeEBPK76QayWm
[2] Mr Beam Lasers. Historia de la Corona de Adviento: ¿Quién inventó la corona de Adviento? 2022
[3] Historia recopilada de: https://sellmer-adventskalender.com/es-es/pages/history-of-the-advent-calendar?srsltid=AfmBOoq3poAJ9WJqyF2mqxs1YyfjOGH3-9ZhpqMGrEoJeEBPK76QayWm
[4] Fernando Delgadillo López. El Calendario Cristiano. Editorial Concordia (Saint Louise, MO) 2005. 30.
