Una mirada al Catecismo Mayor de Lutero (Sexto Mandamiento)

 

Rev. Alisson Jonathan Henn[1]

 

Al estudiar el cuarto mandamiento, reflexionamos sobre la creación del ser humano y la organización de la sociedad a partir de la institución familiar. En este mandamiento, Dios destaca el valor y el papel fundamental de la familia para el bienestar colectivo. Para subrayar su importancia, Él promete una bendición especial a los hijos que honran a sus padres: “Para que se prolonguen tus días sobre la tierra”.

El sexto mandamiento está estrechamente vinculado al cuarto, ya que trata del matrimonio —la base de la familia—. A través de él, Dios consagra y protege el vínculo matrimonial, estableciendo principios para preservar la pureza entre los esposos, tanto en pensamientos como en palabras y acciones. Por eso el mandamiento dice: “No cometerás adulterio”.

Podemos preguntarnos: ¿Qué es el adulterio? Me gusta explicarlo diciendo que adulterar es transformar algo bueno que Dios nos ha dado en algo malo. Por ejemplo, si tengo un vaso de agua pura y le añado veneno, se convierte en algo dañino. Dios nos entregó el matrimonio como un regalo para nuestro bien, pero el adulterio lo corrompe, convirtiéndolo en algo pecaminoso.

En el Catecismo Menor, Lutero resume el significado del mandamiento diciendo que debemos “temer y amar a Dios para llevar una vida casta y honesta en palabras y acciones, y para amar y respetar a nuestro esposo o esposa”. Así, la obediencia a este mandamiento no se limita a evitar el adulterio, sino que implica un compromiso activo con una vida recta y el cuidado del cónyuge.

En el Catecismo Mayor, Lutero profundiza esta enseñanza. Recuerda que Dios instituyó el matrimonio como una unión ordenada y bendecida, para la cual creó al hombre y a la mujer. El sexto mandamiento condena no solo el adulterio físico, sino toda forma de impureza —incluyendo pensamientos, palabras, gestos o vestimenta que fomenten la inmoralidad—. Al mismo tiempo, exige que promovamos la fidelidad, el amor y el respeto dentro del matrimonio. Lutero también critica con firmeza la negligencia hacia el matrimonio y el desprecio por esta institución divina, recordando que tal actitud ofende directamente a Dios.

Así, comprendemos el sexto mandamiento como una defensa activa del matrimonio y de la pureza sexual. No se limita a prohibir el acto del adulterio, sino que nos llama a cultivar una relación conyugal fiel y amorosa, a protegernos de las tentaciones y a vivir de forma casta cuando estamos solteros. Reconocemos el matrimonio como un don y una ordenanza establecida por Dios para el bien de la sociedad y de la Iglesia.

[1] Licenciado en Teología por la Universidad Luterana de Brasil (ULBRA), 2014, Canoas, RS. Postgrado en Teología y Pastoral de la ULBRA (2016). Estudiante de maestría en el Seminario Concordia. Pastor de la IELB (Iglesia Evangélica Luterana do Brasil) y Misionero Alianza en Madrid, España.

 

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